Huaca Teteqaqa: el santuario inka que hoy huele a urinario

En la parte alta del centro histórico, Waka Teteqaqa intenta sobrevivir entre intervenciones parciales y un abandono que se percibe a metros. Mientras trabajadores municipales avanzan con jardines y arreglos superficiales, la cueva principal del santuario se ha convertido en baño público. El olor a orina golpea antes de ingresar. Las paredes están impregnadas. La huaca está orinada.

La escena contradice la narrativa oficial. Cultura habla de “revalorización” y “sensibilización patrimonial”, pero el terreno muestra otra cosa. La cueva —espacio ritual preinka incorporado al sistema de ceques— es hoy un punto insalubre sin vigilancia, sin señalización y sin presencia de autoridades. Solo visitantes, vecinos y turistas enfrentándose al hedor.
Teteqaqa fue un santuario dedicado al sol, la tierra, el agua y los ancestros. Sus tallas en roca evidencian la intervención inka. Pero ese patrimonio se degrada entre basura, humo de fogatas y olores fecales. El espacio ceremonial ha perdido cualquier respeto.
La municipalidad mantiene jardines, pero la DDC Cusco no cumple su rol de custodio directo del patrimonio. No hay guardianía, no hay control, no hay intervención real. La institución se limita a comunicados y actividades simbólicas mientras la huaca se deteriora cada día. La falta de gestión sostenida es evidente y el sitio queda expuesto al vandalismo y al uso indebido.

El año pasado, un incendio destruyó la cruz levantada por la comunidad. Cultura habló de “presunto atentado”. El caso quedó en silencio. Hoy, el fuego ya no es el peligro: es la inacción.

Waka Teteqaqa sigue en pie, relegada a mirador, punto de paso y urinario improvisado. Un santuario prehispánico convertido en metáfora del abandono patrimonial del Cusco: se cuida el jardín, pero se deja morir la historia.


