Diagnóstico errado, crisis real: la voz que incomoda en el Cusco

Rogers Valencia, exministro de Comercio Exterior y Turismo, sostiene que Machu Picchu se debate entre diagnósticos equivocados y decisiones improvisadas. “Nos estamos ahogando en un vaso de agua”, dice, mientras advierte que la crisis del santuario no se resuelve solo con quién opera los buses ni con la capacidad de carga, ni con disputas entre autoridades locales.
Para Valencia, el problema es estructural: falta de visión, de manejo y de compromiso con la sostenibilidad del mayor destino del Cusco. Su propuesta apunta a un corredor cultural que integre Valle Sagrado, Machu Picchu, Choquequirao y Vilcabamba, con infraestructura que debió ejecutarse hace años y aún no se hace.
Entre sus ideas, plantea la construcción de un acceso mecanizado, un elevador dentro de la montaña que conecte Cusco–Valle Sagrado–Machu Picchu y continúe hacia Santa Teresa y Choquequirao. También resalta la prioridad de mejorar caminos incas, ampliar la visita del santuario de 7 a más de 70 hectáreas, y garantizar rutas alternas de transporte vehicular.
Valencia insiste: la única salida es una licitación internacional transparente y una inversión pública que mejore la infraestructura deficiente. Sin esto, asegura, el turismo seguirá atrapado en un círculo cerrado de intereses y parches improvisados. “Si los cusqueños pensamos en grande, podemos transformar Machu Picchu en un verdadero motor del crecimiento del país”, concluye, invitando a la presentación de su libro Machu Picchu: el camino de la sostenibilidad, que propone convertir el santuario en parte de un espacio cultural mucho más amplio.

