Ladrón repite ruta y vulnera dos veces en tres días al jardín “Cuatro Suyos” pese a vivir rodeado de policías

El domingo, a las nueve de la noche, el jardín “Cuatro Suyos” volvió a quedar expuesto. Las cámaras de seguridad registraron a un sujeto trepando por la ventana con la calma de quien conoce cada rincón del plantel. Ingresó sin forzar nada, revisó las aulas y se llevó materiales, útiles y objetos pequeños que sostienen la rutina de los niños. Dos días después, el martes, regresó y esta vez se llevó un televisor.
Un solo golpe, directo, como quien repite una ruta aprendida. Según los vecinos, este ladrón suele actuar acompañado por otro que hace de campana.
Los padres, indignados, no hablan solo de robos e inseguridad: hablan de una sensación de vulnerabilidad. En la zona viven policías, hay vigilantes y un grupo de WhatsApp para alertas rápidas. Aun así, la noche del domingo, las dos cámaras vecinales quedaron desactivadas. “Qué coincidencia, ¿no? Justo esas dos”, comenta una madre con rabia contenida. Para varios, el ladrón no solo conocía las cámaras: conocía el horario, los puntos ciegos y la rutina del barrio.
“Es la misma persona que ya entró antes. Hace lo mismo, entra igual y nadie lo detiene”, afirma otra madre. El jardín atiende entre 80 y 90 niños, pequeños que hoy estudian entre cerrojos improvisados y ventanas parchadas. La comunidad exige algo que el Estado parece incapaz de ofrecer: protección mínima. Porque si en un barrio “seguro”, con policías a metros del local, un ladrón entra dos veces en tres días, la inseguridad ya no es un problema externo: es un síntoma de abandono.

