Muerte de Judith Riera expone graves fallas en la Clínica Paredes y detención de su cirujano

La voz de la familia se quiebra, pero no titubea. Afuera de la clínica, entre sirenas tardías y un silencio que pesa, repiten: “Queremos justicia para Judith. Que caiga el responsable, el médico o la clínica. El que tuvo la culpa, que pague”.
Judith Riera llegó a la Clínica Paredes un viernes por la noche buscando una cirugía estética: liposucción, abdominoplastia, lipotransferencia y aumento de glúteos y senos. El cirujano Miguel Ángel Vilches insistía en el paquete completo, pese a que Judith mostraba análisis en rojo y antecedentes de trombosis, recuerda su sobrina, odontóloga y con conocimientos médicos.
Tras la operación, Judith fue trasladada a la habitación sin monitor, sin oxígeno y sin médico en piso. Su dolor era 10/10. Un médico internista prescribe tramadol y paracetamol, que una enfermera administra. Apenas dos o tres minutos después, Judith deja de respirar. Su sobrina inicia maniobras de reanimación mientras busca ayuda desesperadamente. Nadie más estaba presente.
El cirujano desapareció y, al regresar, no hizo nada. Media hora después llega una enfermera con el carro de reanimación. Tarde. Muy tarde. La ambulancia tampoco estaba lista. Finalmente, Judith fue trasladada a la morgue.
La familia denuncia: “La clínica parecía un hotel: sin monitores, sin oxígeno, sin medicamentos de emergencia. Nada. Ella confió por el monto que pagó. La abandonaron”.
La justicia actuó. Miguel Ángel Vilches fue detenido inmediatamente y recibió seis meses de prisión preventiva, mientras se le investiga por homicidio simple. La denuncia también alcanza a la clínica, por alquilar instalaciones sin cumplir estándares de seguridad para emergencias.
Hoy, entre dolor y rabia contenida, la familia repite: “La muerte de Judith Riera no puede quedar impune”.
Judith Riera llegó a la Clínica Paredes un viernes por la noche buscando una cirugía estética: liposucción, abdominoplastia, lipotransferencia y aumento de glúteos y senos. El cirujano Miguel Ángel Vilches insistía en el paquete completo, pese a que Judith mostraba análisis en rojo y antecedentes de trombosis, recuerda su sobrina, odontóloga y con conocimientos médicos.
Tras la operación, Judith fue trasladada a la habitación sin monitor, sin oxígeno y sin médico en piso. Su dolor era 10/10. Un médico internista prescribe tramadol y paracetamol, que una enfermera administra. Apenas dos o tres minutos después, Judith deja de respirar. Su sobrina inicia maniobras de reanimación mientras busca ayuda desesperadamente. Nadie más estaba presente.
El cirujano desapareció y, al regresar, no hizo nada. Media hora después llega una enfermera con el carro de reanimación. Tarde. Muy tarde. La ambulancia tampoco estaba lista. Finalmente, Judith fue trasladada a la morgue.
La familia denuncia: “La clínica parecía un hotel: sin monitores, sin oxígeno, sin medicamentos de emergencia. Nada. Ella confió por el monto que pagó. La abandonaron”.
La justicia actuó. Miguel Ángel Vilches fue detenido inmediatamente y recibió seis meses de prisión preventiva, mientras se le investiga por homicidio simple. La denuncia también alcanza a la clínica, por alquilar instalaciones sin cumplir estándares de seguridad para emergencias.
Hoy, entre dolor y rabia contenida, la familia repite: “La muerte de Judith Riera no puede quedar impune”.

