Cusco en el aire: aeropuerto bajo presión y vuelos internacionales que aún no despegan

El Aeropuerto Internacional Alejandro Velasco Astete atraviesa días de tensión. Retrasos, cancelaciones, desvíos y obras de mantenimiento se han vuelto parte del flujo diario. Desde octubre, las reparaciones en la pista —asfalto, drenajes y señalización— avanzan sin detener la operación, mientras las lluvias y la nubosidad siguen obligando a desviar vuelos hacia Lima o Juliaca. En una jornada reciente, cuatro aeronaves no pudieron aterrizar por condiciones que el terminal no logró sostener.
En paralelo, CORPAC y LATAM firmaron un acuerdo que cambia el ritmo del aeropuerto: desde el 1 de diciembre, el Velasco Astete operará de 4 a.m. a 2 a.m., 22 horas continuas. La medida busca absorber la demanda creciente y dar espacio a más vuelos comerciales, pero también eleva la presión sobre una infraestructura que ya funciona al límite. Entre pilotos y personal de tierra, la pregunta es directa: ¿es viable ampliar horarios cuando el margen operativo ya está comprometido?

A esto se suma la expectativa internacional. LATAM Perú obtuvo autorización para abrir rutas directas desde Argentina hacia Cusco —Mendoza, Córdoba, Salta, Neuquén—, evitando Lima. La aprobación existe, pero los vuelos no están operativos: no hay horarios publicados, no hay fechas de inicio ni venta de pasajes. De momento, es una ruta anunciada, no una conexión real.

La situación del aeropuerto refleja la presión turística y económica de la región. Cada cancelación revienta itinerarios; cada retraso expone la fragilidad de un terminal que sostiene gran parte del movimiento turístico del país. El Velasco Astete opera con el tiempo ajustado, con la pista intervenida y con una demanda que no baja. La ampliación del horario puede aliviar la congestión, pero también puede desnudar las fallas estructurales que el terminal arrastra desde hace años.
Cusco necesita que cada vuelo llegue y salga sin retrasos ni sobresaltos. Y hoy, esa garantía no existe.


