CUSCO GENERA MÁS DE 500 TONELADAS DIARIAS DE BASURA Y NO HAY QUIÉN LAS LIMPIE

Cusco, ciudad milenaria, patrimonio de la humanidad, destino de millones de visitantes cada año… y también, capital de la basura. Más de 500 toneladas de residuos sólidos se generan aquí cada día. Sí, escuchaste bien: medio millar de toneladas diarias de desechos que circulan por la ciudad, se amontonan en las calles y no encuentran un manejo adecuado.

Mientras los turistas esperan maravillas arqueológicas, lo que encuentran a menudo es montañas de bolsas apiladas junto a los comercios, restos dispersos por los perros callejeros y un olor que nada tiene de “mágico”.

La Municipalidad Provincial de Cusco, al mando del alcalde Luis Beltrán Pantoja, se jacta de campañas de limpieza y talleres de reciclaje. Pero la realidad es otra: limpian para la foto una cuadra y dejan decenas más pudriéndose al sol. Es maquillaje urbano. Es cosmética. Nada de gestión real.

“Sin contenedores suficientes ni rutas claras de recolección, el sistema de residuos colapsa todos los días. Los residuos no desaparecen, solo se acumulan en otros lugares”.

Los contenedores, ese primer eslabón del sistema de limpieza urbana, brillan por su ausencia. Barrios como San Blas, Santiago o las avenidas turísticas más concurridas muestran un espectáculo que nadie debería ver: bolsas amontonadas, residuos dispersos por el viento y los animales, calles hediondas que acompañan al visitante mientras toma fotos de un Cusco que parece abandonado.

La crisis no espera. Cada bolsa que queda en la calle representa un fallo, cada tonelada sin recoger evidencia la negligencia de años. Cusco necesita rutas claras, infraestructura real, contenedores suficientes y gestión diaria. Lo demás son campañas mediáticas que no solucionan nada.

“Vienen, limpian una cuadra y se van. Nosotros seguimos viviendo entre la basura. Esto ya no es un problema menor, es un escándalo urbano”. Expresó un vecino.

Cusco no puede permitirse seguir mostrando esta postal al mundo. La historia merece respeto. Los ciudadanos merecen limpieza. Los turistas, dignidad.

El botadero de Haquira, que debe recibir buena parte de esos residuos, ya colapso hace años: más de 400 toneladas diarias ingresan ahí, y mientras tanto, el municipio no logra conseguir un nuevo terreno para una planta de tratamiento que responda al volumen real.

¿Qué hace la municipalidad mientras tanto? Jornadas puntuales de limpieza en pequeñas áreas, fotos con voluntarios, anuncios de “revalorización ambiental”. Pero la basura no desaparece. Se acumula. Día tras día. En los barrios. En las avenidas. En la Ciudad Histórica.

La ciudad no espera más excusas. Los visitantes tampoco deberían ver una postal de basura en la “capital histórica”. La gestión municipal tiene que actuar, y pronto. De lo contrario, el patrimonio monumental de Cusco quedará tapado bajo sus toneladas de residuos.

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